La caducidad del té

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Hace algo más de un año, visitando un conjunto de plantaciones de té en la zona de Kyoto, viví la experiencia en primera persona de participar en la recolección y el procesado de las hojas de Camelia Sinensis. Como todo, cualquier acto de aprendizaje es mucho más rico cuando es vivencial. Y si  además tiene que ver con una actividad que te resulta apasionante, formar parte de ella es doblemente significativo.

Por eso, el té que recolectamos en las montañas de Uji lo vivimos como un acontecimiento. Allí infusionamos una parte y el resto lo guardamos para España. Al volver aquí, las hebras de un intenso verde oscuro, cobraron un valor añadido, de ahí que las consumiéramos poco a poco. De tantos tés que puede una  llegar a tomar, quedaron olvidadas en una pequeña cajita; hasta hace un par de días, en que preparando una nueva CataCata, esté té se hizo visible. Abrir la cajita, cerrar los ojos, aspirar el aroma y sumergirme en un mundo de sensaciones y recuerdos todavía cercanos, fue todo uno, en unos segundos me trasladé a los campos de té del otro lado del planeta.

El viaje de los sentidos

Nuestros sentidos nos hacen viajar, nos transportan, y nos conectan con nuestro pasado y con nuestra historia, pueden hacernos recuperar la emoción del momento y trasladarnos asociando una experiencia sensorial con un recuerdo, como la Magdalena de Proust.

Cuando me recuperé, conecté con la realidad desde un lado sumamente práctico, ansiosa por  probarlo, no estaba muy segura de cómo estaría el té tras catorce meses ¿habría caducado?

La caducidad del té

Aunque hablamos de “hojas secas”, el té no es un producto deshidratado. La hoja se seca, pero dejándole cierta humedad para que los aromas y sabores resulten frescos, por eso puede deteriorarse con el tiempo, y perder propiedades; más en el caso de los no oxidados (blanco y verde), menos en los oxidados (negros). El  pu her, al tratarse de un té fermentado, con una buena conservación puede mantenerse perfecto durante años.

Los tés aromatizados y los blends, al contar con aromas y otros ingredientes en su elaboración también pueden verse afectados.

El té tiene una fecha de caducidad de 2 años. Cuando es envasado es más fácil apreciar su fecha de caducidad. Cuando se compra al peso, es importante que el paquete esté bien cerrado, y  saber de la fiabilidad del establecimiento donde lo adquirimos.

Pasados los dos años, la fragancia se reduce, pero  si tu té sigue en buen estado, puedes consumirlo sin problemas. En todo caso, nosotros recomendamos no demorar mucho la preparación después de adquirido, tratar de terminar los no oxidados los primeros seis meses y los oxidados durante el primer año.

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