¿Qué es eso del té inglés?

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¿Habéis escuchado la típica afirmación de “quiero un té inglés”?. Bien, pues el té no es inglés. Supongo que la expresión se ha acuñado como tantas otras, por el uso repetido de la misma y porque los grandes difusores de la cultura del té en Europa fueron los británicos.

Llegada del té a Europa

La Historia del origen del té se remonta a China, hace 5.000 años, de ahí se extiende a India, a Japón, y a todos los lugares que hoy denominamos “productores”. En el s. XV, los primeros europeos que llegan a la India y conocen el té son los portugueses, que incorporarán la bebida a su Corte. Pasa un tiempo y a principios del s. XVII llega a Ámsterdam el primer cargamento de té; años más tarde pasa a Francia, donde tampoco es especialmente apreciado…  y finalmente en ese mismo siglo, la infanta Catalina de Braganza comprometida con Carlos II de Inglaterra, aporta junto a su dote unas hebras de té. Poco a poco el consumo de la exótica bebida se va extendiendo, al principio sólo se toma en la Corte británica, extendiéndose  con el tiempo a todas las clases sociales. El consumo de té supone el comienzo de una gran tradición, que al parecer llegó a reemplazar en gran medida a la ginebra.

Los ingleses y el té

En un primer momento, los británicos compraban el té a China, hasta que se quebró el intercambio comercial. Entonces la East India Company, que tenía el control del comercio internacional de té, contrata a Robert Fortune, para “pasar” plantas de té de China a India, y comenzar una industria paralela en ese país (que recordemos formaba parte del Imperio Británico). Fortune plantó una gran cantidad de arbustos de Camellia en Darjeeling, y aunque se dio cuenta que allí ya había té, logró que India pasara a ser considerada un referente mundial para el té, especialmente para el té negro. Mientras, en Occidente, los anglosajones impulsaron cada vez más su consumo y comercialización.

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