Cerezos en flor, naturaleza y wabi sabi

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Estos días han sido de efervescencia y caos, quizás tenga que ver con los ciclos anuales, la llegada de la primavera y esa cascada de luz y exuberancia en el exterior que se traduce en una revolución hormonal.

Como cada año, los cerezos explotaron de blancura hace apenas unos días, suficiente para reconocer el wabi sabi en la naturaleza, la belleza de lo efímero y lo imperfecto.

Me emocioné al leer un post de un amigo japonés hablando del Cherry blossom en Ueno y Chidorigahuchi, tan sincrónico con el Jerte, y me desilusioné ante la fiesta de la floración convertida en romería. Hace ya unos años, indagando en la iconografía de la imagen corporativa de mitoART (las cerezas), aterricé en Extremadura, recuerdo como entonces, estos acontecimientos aún eran íntimos y sorprendentes; ahora son tan multitudinarios que se transforman en algo diferente, y siento que de algún modo, también nos arrastran cuando formamos parte de ellos. En esta ocasión, desde la distancia, me sorprendió el dibujo de un valle envuelto en una ligera pelusa color marfil; curiosamente, al acercarnos, los tonos se suavizaban hasta llegar al blanco amable y deslumbrante de los árboles floridos en su apogeo, fue preciso abandonarse ante la sombra de uno de ellos, para volver a recrear la sensación de armonía (WA) y paz (JAKU), tan propias del “Chado“, el camino del té, y necesario calibrar intuitivamente el tiempo adecuado, como el de una buena taza de té, para perderse a la búsqueda de espacios mas despejados.

A solo unos kilómetros, Gredos se desplegaba como una alternativa perfecta, naturaleza en estado puro, senderos vacíos, y un cielo generoso y feliz. En medio de todo, la sombra de unos árboles en esta ocasión desnudos, perfilando el sendero, de nuevo wabi sabi y la hermosa danza del yin y el yang tornando lo imperfecto en maravilloso y fugaz.